Noche oscura. Niebla espesa. Podía sentir el miedo en sus ojos. Piel clara.
Cabellos oscuros. Cálido aliento.Labios rojos como la sangre.
Leia era una chica corriente pero con un gusto peculiar, le gustaba pasear de noche por el cementerio,
podía pensar, le hacía bien. Leer cada lápida e imaginar cada una de las vidas que ahora dormitaban en aquellas tumbas.
¿Rara? Tal vez. ¿Única? Seguro.
Leia era una chica decidida y tolerante, muchos la criticaban, otros simplemente le tenían miedo, pues solo veían a la chica de ojos verdes y largo pelo negro, no eran capaces de ver su interior, un alma atormentada, llena de miedo y falta de cariño.
Leia lloraba, lloraba mucho, cada insulto, cada carcajada le atravesaba el corazón cual fría daga.
No quería sufrir más, duros pensamientos sobrevolaban su cabeza, "es fácil" pensaba, "solo dolerá unos minutos" se intentaba auto convencer mientras se miraba en el espejo con la cuchilla en la mano y la manga de la camisa subida, "se acabará el sufrimiento" se repetía, "ya no habrá más risas" se decía a sí misma.
La chica cerró los ojos y poco a poco fue sintiendo el acero cortar su piel, notaba la sangre correr y unas lagrimas cayeron.
En pocos minutos un cuerpo frío y sin vida yacía en el suelo del cuarto de baño, había terminado todo, Leia ya no podía sentir, ya no estaba triste ni cansada ya no tenía miedo, podía estar en calma, podía respirar hondo, ya nunca más lloraría, ya todo había acabado.

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